POV LUCA GIORDANO
La noche en Nápoles siempre ha tenido un sabor metálico, a sangre y a pólvora, pero desde que regresé de aquel hospital en Suiza, para mí solo tiene sabor a fármacos y a envidia.
Estaba en mi habitación, un mausoleo de mármol negro y seda, donde la luz de la luna entraba con una palidez casi obscena. Me había quitado la camisa; me gustaba mirarme en el espejo de cuerpo entero, aunque odiara lo que veía. Mi torso seguía siendo el de un guerrero: hombros anchos, músculos definid