—¡Él no! —exclamó Helena horrorizada, su rostro palideció y se desmayó.
—¡Mamá! —dijo Gerald y la sostuvo en sus brazos. Minutos antes desayunaban en familia, reían y charlaban amenamente junto a Myriam y Tony. Hasta que el teléfono sonó.
Mientras Gerald se encargaba junto a Anne de asistir a Helena, Myriam tomó el teléfono.
—¿Qué ocurre? —indagó al otro lado de la línea.
—El doctor Connor Evans está muy grave —dijo la voz de una chica—, hablo desde el hospital, tenía en su saco una tarjeta