—Ya está más tranquilo, esperemos no se vuelva a alterar —avisó Gerald, y centró su atención en la mujer con la que su esposa charló segundos antes. —¿Te estaba ofendiendo? —indagó con seriedad al darse cuenta de que era Kendra Wilson.
—Todo bien —respondió Myriam y sonrió—. Vamos —solicitó.
Esta vez Anthony lloró cuando lo pincharon para sacarle sangre, pero ya no estuvo tan alterado como al principio. Luego de que el médico obtuvo los resultados, los invitó a pasar al consultorio.
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