Helena se soltó de los brazos de Connor.
—No es lo que estás pensando, hijo —se disculpó.
Gerald con la misma frialdad de siempre, la observó.
—¿Tengo motivos para pensar mal? —cuestionó elevando una de sus cejas.
—Claro que no —contestó Connor. —¿Cómo has pasado, Gerald? —indagó.
El joven dejó salir el aire que estaba conteniendo.
—Bien gracias —respondió—, hace años que no vienes a esta casa. ¿Hay algún problema legal? —cuestionó.
Helena observó a Connor, suplicó con la mirada qu