—¡Señora Helena! —exclamó agitada Anne entrando a la habitación de la señora.
—¿Qué ocurre? —cuestionó arrugando la frente.
Anne inhaló profundo.
—El señor Gerald está en su casa con una mujer, y tiene un bebé… Es igualito a él —declaró.
—¿Qué cosa? —inquirió Helena entornó los ojos sin poder creerlo—, ayúdame a subir a la silla de ruedas y llévame, quiero conocer a ese niño —suplicó.
Anne obedeció de inmediato las órdenes de su patrona, y la ayudó a subir a la silla, peinó su larga c