La luz de la mañana se filtraba por una ventana.
Estaba sobre mi estómago y parte de mi cabello tapaba mi visión, pero no pude evitar sonreír al recordar la noche anterior cuando pude derribar un poco esa muralla que había construido Massimo a su alrededor y esperaba que nuestro viaje a Génova cambiara todo. Besos fueron esparcidos en mi espalda desnuda y suspire de placer.
Era la primera vez desde hace mucho que Massimo se quedaba en la cama conmigo
—Sabes que es casi medio día—me informó con