No la solté del brazo mientras atravesamos el casino hasta las escaleras. Ignore las miradas de Conte y su compañera.
En vez de ir a mi oficina, subí hasta mis dependencias personales y una vez allí cerré de un portazo mientras ella seguía sin decir nada. La vi caminar por el lugar y el movimiento de sus caderas evocaron pensamientos de ambos en la cama, pero no me importaba.
Caminé hasta ella y me fui por su boca. En principio se sorprendió, pero luego me dio acceso a su boca. Fue un beso crud