El auto recorre las principales calles de Palermo mientras Conte y Leónidas van en frente en silencio.
Mi móvil suena y sin mirar descuelgo
—¿Si? —Sigo mirando por ventanilla de la camioneta
—Señorita Lombardi. Soy Lazo y tengo días tratando de hablar con usted
—Dígame—dije al saber que era mi abogado, además él se había encargado de defender a mi padre
—Ayer recibí una notificación del reclusorio donde denegaron la petición de su padre en cuanto a su estado de salud —cerré mis ojos y alejé las