— Me estoy muriendo— murmuro acostada sobre mi espalda la mañana siguiente.
Siento mi Cabeza a punto de explotar, la boca seca y el estómago revuelto.
— Necesitas un Advil — murmura a mi lado Damián.
Volteo a verle y se ve como si nada.
No es justo.
— Quita esa sonrisa burlona de tu cara— gruño ganándome una risa baja de su parte.
— Venga. Levántate— dice sentándose en la cama.
Solo viste un pantalón de pijama.
— ¿Tú me metiste a la cama? — inquiero cuando me siento y veo que nada más llevo una