Miro con diversión a Damián mientras estamos en la pista de baile a un lado del bar. Peter tiene un buen espacio. Hace un tiempo había derribado la pared del viejo depósito.
Ahora es una decente pista de baile.
— ¿Listo? —le pregunto a Damián mientras nos miramos en la pista.
Hemos bebido unas cuantas cervezas y estamos conscientes que esta clase no pasara desapercibida.
— Soy bueno bailando— se defiende.
— Está bien. Comencemos.
— ¡Venga Anderson! — grita uno de los presentes.
Son un grupo de