—¡Todos a la mesa! —grita mi abuela una hora después.
Todos vamos a la mesa como si fuéramos un rebaño. El bullicio, las bromas y risas llena la mesa. La comida abunda en la mesa, todo presidido por el sancocho, el cerdo, el plátano frito y la ensalada.
—Después de la comida vamos a pasar la tarde en la playa y dejar descansar a los viejos
—Viejo el viento y todavía sopla mocoso—responde el abuelo Eli.
Tomo un plato y sirvo un cuenco frente a Vladimir. Toma un poco y lo prueba, espero y asiente