—Así que a la perra se le han bajado los humos—Natasha comenta mientras nos miman con una pedicura.
Asiento
—Digamos que el raspa polvo que le dio Vladimir la bajo de su pedestal y ya sabe que conmigo no se juega—digo sonriendo ante el recuerdo de la mirada de Andrea.
Le carcome cuando llego a la oficina de Vladimir. De hecho, es el mismo Vladimir el que me pide que almuerce con él o va en mi busca a la empresa y salimos a almorzar.
—Me alegra verte feliz—dice Natasha sonriéndome antes de relaj