Tomo una profunda bocanada al escucharla. El miedo me invade. Ella es capaz, lo sé con firmeza.
―No te atrevas. ―Aprieto mis manos en empuñaduras.
―Tu querido esposo me amenazó, me cortó el flujo de dinero, envió a mis prestamistas a la cárcel y a mi amante, estoy muy molesta contigo, Bianca. No estás sirviéndome.
―Porque no debería de servirte a ti.
Mi corazón se acelera.
―Cierto, ahora debes de cuidar de la fortuna de tu esposo.
―Otra vez con eso ―escupo.
―Quieres quedarte con todo el dinero,