Después de un baño rápido, James mete a Stella en la cama junto a él. Ambos yacen debajo de las sábanas, uno frente al otro.
—¿Quieres pasar la noche conmigo? —le pregunta mientras le coloca un mechón de pelo detrás de la oreja.
—Por supuesto ¿No pensaste que lo haríamos y luego me marcharía corriendo, cierto?
James se echa a reír al darse cuenta que ella vive ahí, no podía irse corriendo a ningún lado.
—¿De dónde sacas tu sentido del humor, eh?
—Es un talento con el que pocos somos bendecidos.