Una vez sus respiraciones han vuelto a la normalidad y llegan a la casa, James la empuja contra la puerta al cerrarla.
—Estar en coma ciertamente no perjudicó tu deseo.
—Yo creo que más bien eres tú la que se ha encargado que eso no suceda, además, confío en mí, todo sigue funcionando a la perfección, de lo contrario, dímelo tú —los cachetes de Stella se sonrojan nuevamente— En todo caso, el descanso involuntario del coma solo aumentó mis ganas.
—Sí, me he podido dar cuenta de ello de ayer para