Amaia se queda mirando boquiabierta, sin poder creer lo que acaba de escuchar. Un pequeño chillido se escapa de sus labios.
—Bien… bienvenido, señor Allen. Es un gran honor conocerlo en persona, no pensé…
—¿No pensaste que vendría? Bueno, Stella me lo pidió, así que vine, solo por ella —él le guiña un ojo a su esposa y Amia se voltea hacia ella.
—¿La tarjeta de crédito en verdad era suya? —pregunta uniendo todos los puntos.
—Te dije que lo era, tú solo decidiste pensar que yo estaba mintiendo.