James y Stella se quedan acostados uno al lado del otro mientras no se pueden quitar los ojos de encima.
Él le acaricia la espalda gentilmente, permitiendo que sus dedos tracen un camino a lo largo de su columna.
Ella le entrelaza los dedos en el cabello de la nuca y juguetea con ellos, acariciándolo al mismo ritmo de la mano de él en su espalda.
—Creo que se me acaba de ocurrir la idea perfecta para acabar con Beth y Richard a la misma vez —declara James incorporándose de repente en la cama.