Emilio
¡Mierda! Me voy a volver jodidamente loco.
Quiero gritar, entrar en esa puta habitación y sacar a mi mujer de allí. Esto es ridículo, y más cuando todo iba tan bien entre nosotros.
Estoy dividido entre darle lo que quiere y portarme como un imbécil solo llevándomela. No quiero que se vaya, pero conociéndola, es capaz de odiarme si la obligo.
—Calma, amigo.
Si, eso quisiera, pero nunca he tenido paciencia para lo que quiero.
—Sabes que eso es sinónimo de locura para mí.
—Bueno, ¿Y e