.81.
Con un suspiro, Maya apartó la mirada y trató de concentrarse en las luces de neón que brillaban fuera del coche. Las luces, los altos edificios, todo el paisaje de la ciudad que se extendía ante ella. Intentaba distraer su mente del dolor que sentía en su corazón. Sabía que estas eran cosas que no podía controlar, y tenía que dejar que las cosas siguieran su curso. Lo único que podía hacer era aceptar la situación, aunque le doliera.
Poco después, Oliver detuvo el coche frente a un restaurante