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Cuando se mudaron de Canadá, sintió que había dejado la mitad de su corazón allí, porque también dejó atrás su trabajo. En aquel entonces, a Oliver no pareció importarle cómo se sentiría ella.
Aún recordaba lo sorprendida que se sintió cuando él le dijo que tenía que renunciar, pues partirían a Dubái tan pronto como terminara la ceremonia de la boda. No dijo nada en ese momento porque, en aquel entonces, Oliver siempre estaba enojado con ella y solía hablarle con sarcasmo.
No le quedó otra opci