.50.
Maya se detuvo frente a un cuadro en exhibición. Estaba absorta en la pintura, completamente cautivada. Se trataba de una imagen en tonos azules, donde un delfín saltaba en el aire bajo un sol resplandeciente. No le sorprendió que le gustara.
Se acercó a ella, que ni siquiera había notado su presencia.
Se aclaró la garganta antes de hablar.
—¿Te gusta? —preguntó Oliver mientras observaba también la pintura.
Maya giró la cabeza hacia él.
—¿Qué opinas de esta pintura? —preguntó en su lugar.
—Buen