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Oliver frunció el ceño.
De repente, sin razón aparente, sintió irritación.
—Sí, estoy bien. ¿Has terminado de mirar el lugar? —preguntó, incapaz de ocultar el tono cortante en su voz.
Ni siquiera entendía por qué se sentía así.
No sabía si estaba molesto con Maya, con Zoé o consigo mismo.
Maya lo miró con paciencia y respondió con naturalidad:
—Bueno, la casa parece agradable. Si te fijas, tiene una inclinación en el jardín, lo que creo que sería perfecto para Carl. Por si acaso quiere salir, ¿