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—Lo que sea. No soy exigente con la comida, así que no te preocupes por mí —respondió él sin mirarla.
Oliver no pudo evitar sorprenderse por lo rápido que ella cambiaba de humor.
Maya, por su parte, acababa de lavarse las manos meticulosamente. Sabía que cualquier descuido podría desatar su alergia y hacer que la situación fuera aún más incómoda.
Solo necesitaba mantenerse alejada de Carl tanto como fuera posible.
Maya dejó escapar un profundo suspiro. Se preguntaba cómo podría sobrevivir en la