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Él estaba en su apartamento, trabajando, o al menos eso era lo que decía en su carta a la empresa. Alegó asuntos personales para no volver a la oficina, y como aún podía entregar su trabajo a tiempo, la compañía aceptó su solicitud de trabajar de forma remota.
Pero la verdad era que no le importaba en absoluto si lo despedían. Sabía que eso era prácticamente imposible, porque muy pronto, la empresa sería suya.
Su abogado estaba gestionando la transferencia de las acciones necesarias para conver