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A la mañana siguiente, se levantó temprano, decidida a buscar un nuevo lugar donde alojarse. Revisaría los condominios que había visto en Internet días atrás.
A las ocho de la mañana, tomó su bolso y su teléfono de la mesita de noche. Salió de su suite con discreción, esperando no encontrarse con el huésped de la habitación de enfrente. Caminó lo más rápido que pudo hasta llegar al ascensor y, en cuanto entró, presionó el botón de cierre con urgencia, asegurándose de que nadie más pudiera entra