-¿E-Estás segura?
-Cállate y bésame- ordenó Selene.
Hermes sabía que no podía resistirse un segundo más a esos labios rosados y carnosos. Se inclinó hacia adelante y la besó en un beso casto que rápidamente se convirtió en algo más desprolijo. Sus bocas se abrieron, sus lenguas danzaron desesperadas y recordó lo suaves y sabrosos que eran aquellos labios en su adolescencia.
El calor en la habitación aumentó más y más, hasta que el gran ventanal de la habitación se empañó por el vapor calient