El sol evaporó los vidrios empañados, sus rayos calientes atravesaron toda la habitacion que estaba hecha un desastre, producto de una larga noche de pasión que los había noqueado a ambos.
-Mmmm…- murmuró Selene, cuando el sol comenzó a golpear su rostro. A través de sus párpados, pudo ver la luz blanca de la mañana. Era hora de comenzar con la rutina, tenía que levantar a Leónidas, bañarlo, vestirlo, llevarlo al colegio, comprar para la cena y prepararla antes de que Dionisio llegue a casa…
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