Elizabeth Romano
Odio este plan con cada fibra de mi ser, pero la sed de justicia arde más fuerte. Raúl no solo destruyó mi vida, sino que también puso en peligro la de aquellos que amo. Estoy decidida a hacerle pagar por cada lágrima que derramé.
Al salir de la ducha, el agua tibia resbalaba por mi piel, llevándose el cansancio, pero no la sensación de repulsión que me invadía cada vez que pensaba en lo que estaba a punto de hacer. Me envolví en una toalla suave y caminé hacia el espejo.
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