Me coloqué un vestido rojo ceñido al cuerpo, complementado con lencería de encaje, y me dirigí a la casa de Raúl. No tardé mucho en llegar. Cuando me recibió, noté que había preparado una cena romántica para nosotros. La mesa estaba adornada con rosas rojas, velas y pétalos. Se había esmerado realmente.
—Está hermoso, Raúl —le dije, admirando el arreglo.
—Todo para mí, bonita. Estás perfecta, Ellie —respondió, besándome suavemente en los labios. Yo correspondí al beso.
—No puedo creer que al fi