Christopher estaba de pie frente a su familia, con Gala a su lado. La tensión en el ambiente era evidente; sus padres intercambiaban miradas de desaprobación. Aunque Chris era un adulto y, por lo tanto, tenía el derecho de tomar sus propias decisiones, la idea de su inminente boda no era algo que pudieran aceptar con facilidad.
—La boda será dentro de un mes —anunció Chris, su voz firme, pero una ligera ansiedad se podía notar en sus ojos.
—Definitivamente tú estás loco —dijo Mariana, su tono