Rodrigo avanzó lentamente hacia la cama, con el peso de los años y el dolor intensificado por la visión de Elizabeth, su Elizabeth, tan frágil sobre esa cama de hospital. Se detuvo junto a ella, observando su rostro pálido y sus labios entreabiertos, apenas conscientes, pero aún tan ella, tan Ellie.
Tomó su mano con delicadeza, acariciando sus dedos fríos mientras recordaba los años pasados, cada momento que compartieron.
—Ellie... —murmuró con voz ronca—, desde la primera vez que te vi, me