Te aplastaré.
Mientras permanecía en cuclillas, sollozaba con mucho dolor. Su madre le presionó desde los hombros e intentó calmarlo.
—Vamos a casa.
Él siguió la petición de su madre y salieron del lugar. Una vez que llegaron a casa, las preguntas de Antón cayeron incomodando a Carlota.
—Madre, ¿por qué mi padre dijo eso?
—Está loco. Su mente está perdida y dice sarta de bobadas.
—No me pareció una bobada. Después de tantos años volvió a hablar y se veía furioso contigo.
—Me odia por haberle encerrado, pero