Complicaciones.
—Señor Durant, buenos días.
—Buenos días, Mary.
Camilo Durant, un hombre de 58 años, dueño del centro de manicomios más exitoso de la capital, caminó hasta la habitación de Ramiro Montalvo, mientras la enfermera Mary le seguía el paso.
—Este paciente es especial. Seré yo quien lo atienda, exclusivamente yo. ¿Comprendes, Mary?
—¿El señor Mario tampoco puede? —preguntó la joven enfermera.
—Marita, te estoy diciendo que solo lo atenderé yo.
—Está bien, señor. Disculpa.
—No te preocupes, hermosa...