Lo primero que Amanda notó fue la ausencia del guardia en el corredor este.
Se detuvo a mitad del paso, con los instintos gritando antes de que la mente pudiera alcanzarlos. El ático solía funcionar como una base militar: silenciosa, eficiente, predecible. Luca no toleraba fallos.
Sin embargo, el pasillo estaba vacío.
Demasiado vacío.
Giró lentamente, recorriendo con la mirada el suelo de mármol, las puertas cerradas, el suave resplandor de las luces empotradas. Todo parecía normal.
Eso era lo