Amanda despertó en silencio.
No del tipo pacífico, sino del peligroso. El ático estaba demasiado quieto, como si las paredes mismas contuvieran la respiración.
Se incorporó lentamente, las sábanas de seda resbalando de sus hombros. El lado de Luca estaba frío.
No había dormido.
Solo eso ya le apretó el pecho.
Amanda caminó descalza sobre el mármol, con el perfil de la ciudad brillando débilmente a través de los muros de cristal. Lagos nunca dormía del todo, pero esa mañana se sentía distante, c