Capítulo cuarenta y tres. Sorpresas
Donna
—¿Papá? —Vera cierra los ojos y traga el nudo grueso hecho en su garganta —¿qué haces llamando por teléfono? Deberías estar descansando…
—Cierra la boca, Vera —la voz de Mark se escucha por encima de los murmullos de las personas a nuestro alrededor —. Los hombres responsables no descansan y menos cuando se les miente en la puta cara —se retira un poco. Le hago señas para que me entregue el teléfono y lo hace exhalando el aire de sus pulmones. Resignada.
—¿Mark? —gruñe, a mí no me gritará