Capítulo veinticuatro. Secuestrada
Secuestrada
Domenico envió docenas de hombres a recorrer las calles de Milán, la orden fue clara. ¡No volver a casa sin Pilar!
—¿Dónde está mamá? —preguntó Paolo, el niño había visto el caos que se había formado en el jardín de la casa, su padre gritaba y movía las manos, él no sabía exactamente lo que sucedía, pero sabía que todo tenía que ver con la ausencia de Pilar en la casa.
—Paolo… —Domenico no quería mentirle a su hijo, pero no podía decirle que Pilar estaba desaparecida, que corría un