Después de vaciar la casa de todo lo que se podía trasladar, lo que quedaba eran las cosas que Hank Brown había pagado, que no era mucho.
Trasladaron los electrodomésticos que Hank había comprado a la puerta de la casa y luego empezó a destrozar las baldosas del suelo y a quitar con pala el polvo de las paredes.
El ruido del taladro eléctrico, de romper las paredes y de los golpes compusieron una sinfonía chirriante.
Lo único malo era que afectaba mucho a los vecinos de abajo.
Liberty y Serenity