Gonzalo la ayudó, preocupado por si se mareaba.
Chloe se sentó en el sofá, contempló la abundante comida que había sobre la mesa, comentó, —Es demasiada para solo nosotros dos.
—Me parece bien. Es perfecta para dos.
Gonzalo sirvió un plato de sopa para Chloe.
—Que come también.
—Bien.
Gonzalo no se negó.
Había metido rápidamente la comida en el termo y se la había traído, aún no había cenado.
Disfrutaba comiendo con Chloe. Ella tenía un apetito voraz y no era como otras señoritas que comían meno