Gonzalo, que conducía, oyó de repente hablar a Chloe.
Pisó inmediatamente el freno.
Tras notar que ese acto era peligroso, se puso las luces de emergencia dobles y paró a un lado de la carretera cuando estuvo seguro de que no había coches detrás de él.
—¿Chloe?
Gonzalo miró hacia atrás.
Chloe intentó incorporarse, pero seguía mareada y su cuerpo no tenía fuerzas para sostenerla sentada.
Lo único que podía hacer era permanecer tumbada.
No sabía cómo había conseguido su madre esa droga ni qué era