Cuando Sonia se daba la vuelta para marcharse, Sandra la llamó de repente y le dijo, —Déjale entrar.
Estaba de mal humor y necesitaba a alguien a quien regañar y descargar su ira.
—Lo haré.
Sonia se alegró de que Sandra accediera a dejar entrar a Enrique y se apresuró a abrirle la puerta.
Enrique salió del coche, vio a Sonia y preguntó, —¿Sandra ha comido algo?
—No, la señora no ha comido nada. Solo bebe un poco de agua y no deja de fumar.
Contestó Sonia y suspiró.
—Realmente no sé qué dificulta