No era un objeto grande y Arturo no se lo dejaba en casa, sólo lo llevaba encima, pero ella acababa de tocarle los bolsillos del abrigo y del pantalón y no lo encontraba, no sabía dónde lo había escondido.
—No puedo hacer nada si no me crees. Como te he dicho, puedes ir a rebuscar en mi casa y, si encuentras lo que quieres, te lo llevas. Realmente no recuerdo dónde lo puse.
—Zorrita, ¿no crees que estás actuando como yo? Te has estado escabullendo mucho.
Zorrita lo fulminó otra vez, con ganas de