Con el ramo de flores en una mano, la anciana cogió el pescado recién asado y se lo entregó a Arturo, diciendo: —Este tipo de pescado hay que comerlo en cuanto se asa. Una vez que se enfría, no sabe bien. Cómetelo ya.
—Gracias, abuela.
Arturo cogió el pescado y le dio un gran mordisco.
Hizo una foto y se la envió a Diego.
Tenía más o menos la misma edad que Diego, y cuando era niño pasaba mucho tiempo jugando con Diego, y cuando creció mantenía la mejor relación con él.
Siempre compartía con Die