Arturo no durmió bien anoche y no tenía mucho apetito.
Llenó una bolsa con comida y siguió a la anciana.
—Toma, abuela, muslo de pollo asado.
Le entregó a su abuela un muslo de pollo asado, miró a Ebby, que estaba sentada en la mesa de piedra, y preguntó: —Abuela, ¿quién es esa niña?
—Se llama Ebby, y tanto su madre como su padre son guardas del campo de flores. A mí me gusta mucho esa niña.
Dijo Arturo mientras comía su pescado asado: —Te gusta cualquier niña con tal de que sea una niña. Siempr