El hombre soltó una carcajada, luego miró a Dalia y le dijo: —Lo siento, Dalia, esto no depende de ti. Tienes que aceptarlo pase lo que pase. Porque si no lo aceptas y ya me has visto la cara, tendré que matarte para que no reveles mi paradero a nadie más.
—Vas a sufrir muchísimo. ¿Ves a los hombres?
La cara de Dalia se puso pálida.
—¿Me eliges a mí o eliges morir? Te daré unos minutos para pensarlo.
Dalia miró a los hombres vestidos de negro y luego al hombre de mediana edad que estaba delante