Por mucho que Quiana y su familia intentaban persuadirle, Alejandro manifestó que no podía detener a sus padres, y la familia Quiana no tenía otros remedios, pues pensaba que si los padres de Alejandro venían, tendrían que atenderles bien.
Riiin, riiin...
Sonó el móvil de Serena.
Sacó el teléfono y contestó sin mirar el identificador de llamadas.
—Dime, Iris.
Al oír que quien llamaba era Iris, Quiana y su hermano se centraron al instante en la conversación entre su madre e Iris.
—¿Vas a presenta