Eneko estaba bien informado, y Josh también tenía información actualizada.
Iba con una sonrisa en los labios, feliz, al tocar la puerta de la oficina de Zachary.
“Zachary, Zachary, tengo que contarte algo, es para morirse de risa.”
Zachary levantó la mirada hacia él y luego volvió a sus documentos, diciendo: “Qué noticia puede hacerte morir de risa. Deberías cuidarte, tu esposa lleva a tu hijo en su vientre”.
Josh: “Vete al diablo. Me estás maldiciendo. Voy a vivir hasta los cien años, envejecer