Kevin se levantó, sonrió y extendió la mano para estrechar la de Luna, saludándole: —Hola, señor Díaz.
Luna estrechó la mano de Kevin y luego le hizo un gesto, indicándole que se sentara.
Después de que Kevin retomara su asiento, Luna se sentó junto a su madre.
Mirando a su hija callada y luego a Kevin, Teresa suspiró, pensando que su hija era más varonil que Kevin.
—¿Por qué hoy tienes tiempo de volver?
Preguntó Teresa a su hija con suavidad: —Sueles estar en la empresa a estas horas.
—Acabo de