—Isabela, ocúpate de tus asuntos con señor York, yo vigilaré la tienda.
La dependienta sonrió y vio cómo Isabela seguía a Callum fuera de la floristería.
Callum esperó a Isabela en el coche. Ella se movía como pez en el agua en un entorno tan familiar que nadie se daría cuenta de que era ciega.
No era la primera vez que Isabela tomaba el coche de Callum y, con facilidad, se acomodó en el asiento del copiloto, se sentó, apartó su bastón y se abrochó el cinturón de seguridad.
No se sentó en el asi