—De todos modos, mañana por la tarde, si no vuelves a casa, haré que alguien venga y te lleve de vuelta, y pase lo que pase, tienes que acompañarme mañana por la noche.
Isabela, tan tranquila como siempre, dijo: —Mamá, no puedo ver, ¿qué otro mundo me hace falta conocer? Para mí el mundo es todo negro, no hay necesidad de verlo.
—¡Tú!
La señora Nuñez rechinó los dientes de rabia, con ganas de dar a Isabela un bofetón.
—Ya te lo he dicho. Si me haces caso, bien; si no, no me importa. Mañana por l